La
caída del régimen de José Santos Zelaya en 1909 no puso fin a las disputas por
el poder en Nicaragua. Por el contrario, abrió una etapa de inestabilidad
institucional en la que confluyeron las rivalidades entre las élites políticas,
las disputas por el control de las fuerzas armadas y la creciente influencia de
Estados Unidos en los asuntos internos del país.
La
ejecución de Lee Roy Cannon y Leonard Groce fue el acontecimiento que llevó a
Washington a romper con el gobierno de Zelaya y a elevar la presión
diplomática. Pero cuando el gobierno revolucionario de Estrada apareció en
Managua, su primera estrategia no fue rechazar la relación con los Estados
Unidos. Por el contrario, buscó activamente el reconocimiento estadounidense y
ofreció negociar un programa que incluía reformas financieras, un empréstito
garantizado por ingresos aduaneros y mecanismos de cooperación bilateral.
Carlos Cuadra Pasos sostuvo que “La revolución de Bluefields nació sin ninguna clase de conexiones con el Gobierno de los Estados Unidos”. Pág. 45.
La
relación entre Nicaragua y Washington, por tanto, no puede reducirse a una sola
decisión ni a un solo acontecimiento.
Los
despachos del Departamento de Estado muestran que Washington conocía la
existencia de la conspiración antes de que esta se consolidara, seguía sus
movimientos mediante sus representantes diplomáticos y estaba atento a la
protección de los intereses estadounidenses en Nicaragua. También muestran que
ciudadanos estadounidenses, entre ellos Lee Roy Cannon y Leonard Groce,
terminaron incorporados a las fuerzas revolucionarias.
La
revolución nació en un contexto nicaragüense; los Estados Unidos observaron y
protegieron sus intereses; ciudadanos estadounidenses participaron en las
fuerzas revolucionarias; la ejecución de Cannon y Groce produjo una crisis
diplomática; y posteriormente el nuevo gobierno de Estrada buscó reconstruir la
relación con Washington sobre bases que incluían compromisos financieros y
administrativos.
El
relato de Cuadra Pasos permite observar uno de los primeros conflictos
dentro del nuevo gobierno. Mientras se organizaba el régimen provisional de
Juan José Estrada, el Ministerio de la Guerra adquirió una importancia
extraordinaria. Según Cuadra Pasos, tanto Emiliano Chamorro como Luis Mena
consideraban que quien ocupara ese cargo quedaría en una posición privilegiada
para suceder a Estrada. Finalmente, fue Mena quien aceptó el ministerio y, con
él, el control de los cuarteles.
Pero
había otra cuestión que resultaría todavía más difícil: establecer las
relaciones con los Estados Unidos.
Salvador Castrillo presentó al
Departamento de Estado las instrucciones de Estrada para solicitar el
reconocimiento de su gobierno. Las condiciones eran significativas: elecciones
en un plazo no mayor de un año, reorganización constitucional, rehabilitación
de la Hacienda Pública, búsqueda de un empréstito estadounidense garantizado
con parte de los ingresos aduaneros, procesamiento de los responsables de la
muerte de Cannon y Groce e indemnización a sus familiares. Estrada solicitaba
además el envío de un comisionado estadounidense a Managua para facilitar las
negociaciones. (
En ese escenario se inscribe la trayectoria de Benjamín Zeledón, cuya participación en la guerra de 1912 suele interpretarse como parte de una continuidad entre el liberalismo, la oposición al gobierno de Adolfo Díaz y la resistencia a la intervención militar estadounidense. Sin embargo, reconstruir ese proceso exige examinar con mayor precisión los acontecimientos que precedieron a su aparición en el frente de Masaya.
El
gobierno provisional de Juan José Estrada tuvo que afrontar una doble
dificultad: consolidar su autoridad dentro del país y obtener el reconocimiento
internacional necesario para sostener su administración. En ese contexto, el
control de las fuerzas armadas adquirió una importancia decisiva. El Ministerio
de la Guerra dejó de ser únicamente una dependencia administrativa y se
convirtió en un espacio estratégico para la distribución del poder político.
La
posición del general Luis Mena dentro del aparato militar contribuyó a
profundizar las tensiones entre el Ejecutivo y los sectores que aspiraban a
establecer nuevos mecanismos de control institucional. La disputa no se
limitaba a las diferencias entre liberales y conservadores; también comprendía
desacuerdos sobre la organización del Estado, el alcance de la autoridad
parlamentaria y la participación de los antiguos partidarios de Zelaya en el
nuevo orden político.
Paralelamente,
las relaciones con Estados Unidos adquirieron una dimensión financiera y
diplomática. Las negociaciones impulsadas por el gobierno de Estrada
contemplaron propuestas relacionadas con la reorganización institucional, la
contratación de un empréstito y la participación de un representante
estadounidense en los asuntos financieros y políticos del país. Estos
compromisos deben examinarse a partir de la documentación diplomática, pues
permiten comprender cómo las decisiones de las élites nicaragüenses
interactuaron con los intereses de Washington.
La
crisis de este período revela, por tanto, una contradicción fundamental:
mientras se intentaba reorganizar el Estado mediante acuerdos políticos y
procedimientos constitucionales, el control de las armas continuaba
condicionando la capacidad efectiva de las instituciones civiles. Esta
contradicción se manifestó de manera particularmente aguda en 1911 y contribuyó
a configurar el escenario en el que estalló la rebelión de Luis Mena al año
siguiente.
La
documentación diplomática estadounidense ofrece indicios relevantes. Un
despacho del ministro George T. Weitzel, fechado el 9 de agosto de 1912, afirma
que Zeledón había sido autorizado recientemente a regresar a Nicaragua bajo el
compromiso de abstenerse de actividades políticas subversivas. El mismo informe
registra su vinculación con los contingentes zelayistas que se dirigían a
Masaya durante los primeros días de la rebelión encabezada por Luis Mena.
Este
testimonio permite establecer un punto de partida documental, pero deja
abiertas preguntas fundamentales: ¿quién autorizó el regreso de Zeledón?,
¿cuándo y por qué ruta volvió al país?, ¿qué relaciones mantenía con Mena antes
del levantamiento?, y ¿en qué momento asumió el mando militar efectivo de la
resistencia en Masaya?
Responder
estas interrogantes requiere distinguir entre los hechos consignados en las
fuentes primarias, las interpretaciones historiográficas posteriores y las
hipótesis que todavía necesitan comprobación. El propósito es reconstruir esa
trayectoria sin dar por supuesta la existencia, desde el comienzo de la
rebelión, de una dirección militar y política unificada.
Es
dentro de esta transformación institucional donde debe situarse la trayectoria
de Benjamín Zeledón. Para comprender su incorporación a la resistencia armada
de 1912, resulta necesario examinar primero qué ocurrió con los dirigentes
liberales desplazados y, particularmente, con aquellos que fueron expulsados
del país durante la reorganización política posterior a Zelaya.
La
expulsión de Benjamín Zeledón en noviembre de 1910 abrió un período de
desplazamiento fuera de Nicaragua cuya reconstrucción requiere distinguir entre
los registros documentales y las referencias biográficas posteriores.
Telegram # 1
Telegram Received Cipher. Managua, Nicaragua, November 16, 1910, Recd
Secretary of State, Washington. November 16. The provisional Government today
expulsed Gamez, Barreto, Zeledón and Maldonado, Zelaya's liberals owning or
editing newspapers that have violated public decency, provoked disorder, and
been directly responsible for the Leon Anti-American riots. Estrada is determined
to act as strongly as the conditions required in maintaining order and will not
further permit the press to publish misrepresentations tending to incite the masses.
Telegram # 2
American Consulate, Corinto, Nicaragua, November 17, 1910. Subject: Expulsion
from country of Dr. Benjamin Zeledón and José Dolores Games. The Honorable,
the Secretary of State, Washington. Sir: I have the honor to report to the
Department that Dr. Benjamin Zeledón, and Jose Dolores Gamez have been
expelled from the country. They were brought down last night and placed aboard
a German steamer going north. I have been told that they will go to Mexico.
I have the honor to be Sir Your obedient servant. Signed the American Consul.
Se sitúa a Zeledón en Centroamérica
después de su salida del país. El Salvador y Costa Rica aparecen como espacios
vinculados a su trayectoria durante el exilio. En el caso costarricense, se
señala que obtuvo el reconocimiento de su título profesional para ejercer la
abogacía en septiembre de 1911.
El
liderazgo del partido liberal de Nicaragua, desterrado de su tierra natal.
Primera fila de izquierda a derecha: General, Senador y ex-Presidente de
Nicaragua Ignacio Chávez López, Dr. Rodolfo Espinoza Ramírez, Sr. José Dolores
Gámez Guzmán. Segunda fila: Sr. Ignacio Chávez Jr., General Roberto González
Dubón, Dr. Mariano Barreto, Dr. Santiago Argüello Barreto, Ing. Alejandro
Bermúdez y Dr. Sebastián Salinas. Última fila. Dr. Felipe Neri Fernández, Jefe
Supremo de Gobierno de Nicaragua; Dr. General Benjamín F. Zeledón R., Dr.
Enrique Cerda; Coronel Luciano Astorga; Dr. Antonio Medrano, Dr. Carlos Quiroz,
Dr. Mariano Barreto Jr. Sr. Salvador Lacayo Portocarrero, Sr. Gilberto
Saballos; Lic. José María Castellón. A bordo del vapor Newport. Corinto,
Nicaragua, 16 de noviembre de 1910. Meses después regresaron para luchar contra
la intervención.
La
cuestión central, sin embargo, no es únicamente establecer dónde permaneció
Zeledón durante el exilio, sino determinar en qué circunstancias regresó a
Nicaragua y qué relaciones políticas hicieron posible su retorno.
Un
despacho del ministro estadounidense George T. Weitzel, fechado el 9 de agosto
de 1912, constituye una referencia fundamental; el diplomático informó que
Zeledón había sido autorizado recientemente a regresar a Nicaragua bajo el
compromiso de abstenerse de participar en actividades políticas subversivas.
El
documento permite sostener que, según la información recibida por la legación
estadounidense, su retorno había sido autorizado. Sin embargo, no identifica
por sí solo a la autoridad que concedió el permiso, la fecha exacta del ingreso
ni las condiciones concretas de la negociación. Tampoco permite determinar si
el regreso fue acordado antes del levantamiento de Luis Mena o si se produjo
como consecuencia de la crisis política y militar iniciada a finales de julio
de 1912.
En
mayo de 1911, dado que tanto el presidente Estrada como el ministro de guerra,
el general Luis Mena, se opusieron a los pactos de Dawson Díaz, se vieron
obligados a renunciar. El vicepresidente Adolfo Díaz y el general Emiliano
Chamorro Vargas fueron nombrados vicepresidentes. Independientemente de la
sucesión, Mena estaba decidido a hacerse con la presidencia en la próxima
"elección". Mena aún controlaba la mayor parte del ejército
conservador nicaragüense y las armas. Más problemas claramente estaban por
venir.
El
levantamiento del general Luis Mena contra el gobierno de Adolfo Díaz, iniciado
a finales de julio de 1912, constituyó el punto de inflexión de la crisis
política nicaragüense. La rebelión no puede entenderse únicamente como un
enfrentamiento entre liberales y conservadores, pues también involucró disputas
por la sucesión presidencial, el control del aparato militar y la influencia
estadounidense en la política nacional. Este consolidad su poder a través del
dominio de la Asamblea Nacional que le concede plenos poderes y lo convierte en
Presidente de la República el 10 de agosto de 1911.
Un
despacho del ministro estadounidense George T. Weitzel, fechado el 7 de agosto
de 1912, proporciona información relevante sobre los primeros momentos de la
insurrección. En él, el diplomático relató que Mena había abandonado Managua y
se había trasladado a Masaya, pese a los intentos de alcanzar un arreglo con el
gobierno. El documento también señala que Mena buscaba sustituir a Adolfo Díaz
por Marcos Mairena y que estaba armando a sus aliados zelayistas.
El
mismo despacho indica que, el 1 de agosto, Mena se atribuyó el título de General
in chief of the Allied Forces y promovió la destitución de Díaz mediante
una resolución de la asamblea reunida bajo su control en Masaya. Este
testimonio permite distinguir entre la proclamación formal de una jefatura
militar y el ejercicio efectivo del mando sobre los diferentes contingentes
insurgentes.
En
este contexto aparece la participación de Benjamín Zeledón. La documentación
diplomática citada anteriormente lo relaciona con los contingentes zelayistas y
con las operaciones desarrolladas en torno a Masaya. Sin embargo, para
determinar con precisión cuándo asumió la dirección militar de la plaza y cuál
era su relación jerárquica con Mena, resulta necesario contrastar los despachos
diplomáticos con testimonios militares y fuentes nicaragüenses.
La
formación de las Fuerzas Aliadas debe interpretarse, por tanto, como un proceso
de articulación entre sectores que compartían un adversario, pero que no
necesariamente perseguían idénticos objetivos políticos. La cooperación militar
no demuestra por sí sola la existencia de un proyecto político homogéneo ni
permite afirmar que Zeledón ejerciera desde el inicio la jefatura suprema de la
rebelión.
El
desarrollo de la guerra modificó progresivamente la correlación de fuerzas. Los
insurgentes encontraron resistencia por parte del ejército gubernamental y,
posteriormente, debieron enfrentarse a la intervención militar estadounidense.
En ese escenario, Masaya y las posiciones de El Coyotepe y La Barranca
adquirieron importancia estratégica por su relación con las comunicaciones y el
ferrocarril.
La
documentación oficial estadounidense registra que, durante los primeros días de
octubre, los marines y marineros estadounidenses tomaron las posiciones de El
Coyotepe y La Barranca, después de que Zeledón se negara a evacuarlas. Poco
después, las fuerzas del gobierno nicaragüense ocuparon Masaya. El despacho de
Weitzel del 18 de octubre de 1912 confirma esta secuencia, aunque debe leerse
teniendo en cuenta que se trata del relato de un representante diplomático del
mismo país cuyas tropas intervinieron en el conflicto.
La
intervención estadounidense no fue un elemento secundario de la guerra. La
participación directa de sus fuerzas modificó las condiciones militares del
enfrentamiento y favoreció la derrota de la resistencia. Para comprender su
alcance histórico, es necesario relacionar la intervención con la política
estadounidense de protección de sus ciudadanos, propiedades e intereses
estratégicos, sin reducir el conflicto a una explicación exclusivamente
externa: la crisis también tenía raíces en las disputas políticas internas de
Nicaragua.
La
defensa de Masaya, por consiguiente, permite examinar la interacción de tres
dimensiones: la lucha por el poder dentro del Estado nicaragüense, la
resistencia de los contingentes insurgentes y la intervención de una potencia
extranjera en el desenlace de la guerra.
La
posición de Zeledón adquirió un significado particular porque su resistencia
continuó incluso cuando la coalición insurgente perdió cohesión y capacidad
militar. Sin embargo, la interpretación de su conducta como un proyecto
autónomo de resistencia debe apoyarse en sus escritos, comunicaciones y
decisiones militares, además de los testimonios posteriores que lo convirtieron
en una figura central de la defensa de la soberanía nacional.
El 4
de octubre de 1912 constituye la fecha decisiva del desenlace. Las fuerzas
estadounidenses tomaron las posiciones de El Coyotepe y La Barranca, y las
tropas gubernamentales ocuparon Masaya. La resistencia organizada sufrió una
derrota que marcó el final de la fase decisiva de la rebelión en el frente
oriental.
Benjamín
Zeledón murió ese mismo día, a los 33 años. Sin embargo, las circunstancias
precisas de su muerte han sido objeto de diferentes versiones. Las fuentes
institucionales nicaragüenses recogen relatos según los cuales fue alcanzado
por tropas gubernamentales durante su retirada, mientras que otras narraciones
sostienen que fue capturado y posteriormente ejecutado. La documentación
consultada no permite presentar una de estas versiones como definitivamente
establecida sin examinar los testimonios originales y su procedencia, para más información
vease https://nuestrahistorianicaragua.blogspot.com/2020/05/donde-murio-el-gral-benjamin-zeledon.html
También
forma parte de la memoria histórica del acontecimiento el traslado de sus
restos en una carreta hasta Catarina. Este episodio quedó asociado a la imagen
de la derrota militar y al impacto que la intervención estadounidense produjo
en la conciencia política de generaciones posteriores.
La
muerte de Zeledón no debe separarse del contexto militar en el que ocurrió. Su
resistencia se desarrolló en una coyuntura marcada por la superioridad de las
fuerzas adversarias, la fragmentación del movimiento insurgente y la
intervención directa de Estados Unidos. Estas circunstancias ayudan a explicar
el desenlace, aunque no resuelven por sí mismas todas las cuestiones
relacionadas con su último desplazamiento, la captura o muerte y el tratamiento
de su cadáver.
El
estudio de este episodio exige distinguir entre la fecha de la muerte,
ampliamente reconocida, y los detalles particulares de las circunstancias que
la rodearon, sobre los cuales persisten discrepancias entre las fuentes.
La
reconstrucción de la trayectoria de Benjamín Zeledón entre 1910 y 1912 permite
establecer algunos resultados, pero también revela los límites de la
documentación disponible.
En
primer lugar, los registros diplomáticos citados ofrecen evidencia de su
expulsión política en 1910 y de la información recibida por la legación
estadounidense acerca de su regreso a Nicaragua en 1912. No obstante, para
reconstruir el itinerario completo del exilio es necesario localizar y
contrastar registros adicionales de Costa Rica, El Salvador y Nicaragua.
En
segundo lugar, los despachos de Weitzel permiten documentar la proclamación de
Mena como jefe de las Fuerzas Aliadas y la participación de los zelayistas en
la rebelión. Sin embargo, no bastan por sí solos para determinar el momento
exacto en que Zeledón asumió el mando militar efectivo en Masaya ni para
reconstruir toda la estructura de la coalición insurgente.
En
tercer lugar, la documentación diplomática confirma la intervención de las
fuerzas estadounidenses en las operaciones que culminaron con la toma de las
posiciones defensivas de Masaya. Esta evidencia resulta fundamental para
estudiar el papel de Estados Unidos en la guerra, aunque debe contrastarse con
testimonios nicaragüenses y otros registros contemporáneos para obtener una
reconstrucción equilibrada de las operaciones y sus consecuencias.
A
partir de estas consideraciones, permanecen abiertas varias preguntas:
¿Qué
autoridad autorizó el regreso de Zeledón a Nicaragua en 1912?
¿Cuál fue su itinerario exacto desde el exilio hasta el territorio
nicaragüense?
¿Qué comunicaciones mantuvo con Luis Mena antes y durante la rebelión?
¿Existió un acta constitutiva formal de las Fuerzas Aliadas?
¿Cuándo y bajo qué circunstancias cambió el mando militar efectivo en Masaya?
Estas
preguntas no invalidan los resultados alcanzados. Por el contrario, delimitan
el trabajo pendiente y permiten orientar futuras búsquedas documentales.
La
trayectoria de Benjamín Zeledón entre 1910 y 1912 se desarrolló en medio de una
crisis institucional que combinó disputas por el poder, fragmentación política
y creciente intervención estadounidense. Su expulsión, el período de exilio, su
regreso y su participación en la resistencia de Masaya constituyen etapas
relacionadas, pero no deben presentarse como una secuencia completamente
esclarecida mientras persistan lagunas documentales.
Las
fuentes diplomáticas permiten reconstruir aspectos esenciales de la rebelión de
Luis Mena, la proclamación de las Fuerzas Aliadas y la intervención militar
estadounidense. Al mismo tiempo, muestran que la autoridad política y el mando
militar no fueron necesariamente equivalentes y que la posición de Zeledón debe
estudiarse dentro de una coalición cuyas relaciones internas evolucionaron
durante el conflicto.
La
defensa de Masaya y la muerte de Zeledón el 4 de octubre de 1912 quedaron
incorporadas a la memoria histórica nicaragüense como acontecimientos
vinculados a la resistencia frente a la intervención extranjera. No obstante,
el valor histórico de esa memoria no elimina la necesidad de investigar las
circunstancias concretas en las que se desarrollaron los acontecimientos.
Reconstruir
el tránsito de Zeledón desde el exilio político hasta la resistencia armada
exige, en definitiva, combinar la crítica de las fuentes diplomáticas, el
examen de los testimonios nicaragüenses y la revisión de las interpretaciones
historiográficas posteriores. Solo mediante ese contraste será posible
determinar qué aspectos de su trayectoria pueden establecerse documentalmente y
cuáles continúan siendo problemas abiertos de investigación.
Bibliografia
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Nacional de Nicaragua. (s. f.). Benjamín Zeledón.
Cuadra Pasos , C. (s.f.). Historia de medio siglo.
Guido, C. (s.f.). Perfil de Benjamín Zeledón.
Weitzel., G. (9 de agosto de 1912). https://history.state.gov/.
https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1912
Ministerio
de Defensa de Nicaragua. (s. f.). General Benjamín Zeledón Rodríguez.
Zeledón, S. A. (2010). Fighting Intervention in Nicaragua
in the Age of British-American Conflict 1820-1920: Dr. and General Benjamin F.
Zeledón Supreme Chief of Government of Nicaragua in Rebellion 1909-1912.

